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Guía básica de Qore para la composición fotográfica

Todas las reglas son útiles, pero hay unas que son fundamentales

Hace 15 años, cuando compré mi primera cámara digital, tomaba miles de fotografías diario. Salía a caminar, apuntaba a mi objetivo y capturaba una imagen. No me detenía mucho pensando en la composición de la fotografía ni en lo que estaba retratando. Enfocaba y ya. En mi mente era irrelevante hacer cualquier cosa: mientras en la foto hubiera algo bien enfocado, podía editar una buena imagen en la computadora. De cierto modo no estaba equivocado.

Foto:  Nancy Borowick
Foto: Nancy Borowick

La fotografía digital nos permite eso. Pero podemos lograr mejores resultados si tomamos una fotografía “bien”, en el sentido de que esté compuesta de una manera pensada, con una intención. Tomar una fotografía no es disparar y buscar después qué se puede rescatar, sino capturar una presa que se ha perseguido por mucho tiempo. Y aunque no existen propiamente reglas en la fotografía, existen ciertas enseñanzas que han sido pasadas desde eras inmemoriales como lineamientos básicos.

Muchas de estas reglas de composición pueden ser muy útiles cuando estamos buscando una foto que valga la pena imprimir. Y muchas otras reglas pueden sólo ser patrones que ya cayeron en desuso o que se convirtieron en clichés. Con tantas guías allá afuera, ¿cómo saber cuál es la correcta? No teman, porque en realidad todas las reglas son dispensables. Pero si aún quieren saber cuáles son las más útiles (según nosotros), acompáñenme en esta “Guía básica para la composición fotográfica”.

0. Stay on target!

Foto: Holi Festival de Claudio Ceriali
Foto: Holi Festival de Claudio Ceriali

Hay una razón por la cual le puse a esta regla el número 0. Igual que al final de A New Hope, si no mantienes el lente en tu objetivo, los torpedos de protones no penetrarán las defensas de la Estrella de la Muerte. Enfocar lo que será el protagonista de tu foto no es difícil. Basta con asegurarte de que se vea claro. ¿Cuántas posibles buenas fotografías se van directo a la papelera de reciclaje porque se ven borrosas y no se entiende nada?

Más que una regla, esta es una especie de condición: si tu objetivo no se ve, no tienes una fotografía. A menos que estés tratando de hacer arte contemporáneo, entonces puede que tomes fotografías que no son fotografías. Pero si lo que quieres es tomar fotografías, entonces asegúrate de que podamos ver lo que quieres que veamos.

1. La regla de tres

Foto: Andrew Marston
Foto: Andrew Marston

No, no tiene nada que ver con la “ecuación” que hacías en la primaria para sacar un valor desconocido, sino con imaginar el espacio de tu fotografía dividido en tercios. Esta es una de las reglas más conocidas y populares, en la que el protagonista de tu imagen ocupa una de las líneas imaginarias que separan un tercio de otro. Con palabras más simples: nunca enfoques en el centro a tu protagonista.

La razón por la que esta regla es tan utilizada todavía es porque si colocas tu objetivo en el centro tu foto se vuelve aburrida y plana. En cambio, si lo colocas en una de las líneas imaginarias que separan a un tercio de otro, tu foto adquiere un sentido de historia. Con tan sólo aplicar esta regla, una fotografía simple y aburrida puede convertirse en algo interesante que incite a un espectador a mirar por más tiempo. Si sólo necesitas una regla para que tus fotos se vean bien sin importar qué fotografíes, no busques más, aplica la regla de tres.

2. Temor al vacío

Foto: Ben Youssef de Takashi Nakagawa
Foto: Ben Youssef de Takashi Nakagawa

Es considerado de pésimo gusto llenar una fotografía con la nada. Si tomas una foto a la arena de una playa y no hay ningún objeto en el cuál centrar la atención todos van a asumir que están viendo una pared. No importa cuánto te guste la arena, si no hay una concha o algo que guíe al espectador tu fotografía pasará desapercibida.

Tienes que llenar tu cuadro completo con algo. Tienes que usar los patrones que te encuentras para encapsular a tu objetivo en uno de los tercios mágicos que dijimos antes. Busca objetos que sirvan para dibujar un marco y asegúrate de que balanceen tu imagen para que no se sienta demasiado vacía de un lado y saturada del otro. Lo cual nos lleva a nuestra tercera regla.

3. El balance entre el bien y el mal

Foto: Sydney Opera House de Chuang Ko-Min
Foto: Sydney Opera House de Chuang Ko-Min

Imagina que quieres tomar una foto en blanco y negro. Para que la imagen se sienta viva no puedes tener demasiado de un color. Si hay demasiada luz todo se verá deslavado y el ojo no sabrá sobre qué posarse. Si hay demasiadas sombras se perderá la vista tratando de poner atención a todo. El balance entre luz y sombra es esencial para que tu fotografía se pueda ver durante más de cinco segundos.

Si tu fotografía es a color hay dos maneras en las que se puede jugar balanceado la imagen. Una es siguiendo luces y sombras, de manera que “pinten” tu fotografía. Otra es eligiendo contrastes entre colores. El amarillo y el naranja se complementan con el azul, por ejemplo, por eso cualquier fotografía del mar y la arena y el cielo tiene algo de reconfortante. Si tomas una foto de algo rojo contra una pared de ladrillos tal vez no va a resultar tan buena imagen. O quizá sí, si las tonalidades contrastan y hacen evidente el objetivo de tu fotografía.

4. ¿Eso que se ve al fondo son los tacos del Gato Volador?

Foto: Selfie, selfie, selfie Mom! de Eliot Hess
Foto: Selfie, selfie, selfie Mom! de Eliot Hess

Como en una pintura, el fondo de tu fotografía es importante. Puede que hagas un retrato y tengas una cortina negra, con lo que resaltas por completo a tu protagonista y acomodas las facciones de su rostro según la proporción áurea: una obra maestra. Pero después sales a la calle a caminar y tomar algunas fotos de la ciudad, cuando cruzas Insurgentes y tu mente explota ante un pug con tutú rosa y zapatitos de ballet. Sabes lo que tienes que hacer, así que haces el disparo. ¿Pues qué crees? En el fondo salen los tacos del Gato Volador medio enfocados, justo encima de tu pug, y la imagen se vuelve confusa.

El observador no sabe si debe mirar al pug o a la taquería. ¿Por qué? Porque el fondo de tu imagen es demasiado llamativo y se encuentra casi a la misma distancia que tu protagonista, lo que hace que salga casi igual de enfocado. Para compensar esto, la foto debe tomarse más cerca del objetivo para que el fondo se difumine. En otros casos funciona al revés, y es necesario alejarse para que el objeto surja contra el fondo. Lo importante aquí es que el fondo no nos distraiga y que sirva para guiar nuestra vista a lo que el fotógrafo quiere que veamos.

5. Sigue el camino amarillo

Foto: Standing Guard de Andrew Peluso
Foto: Standing Guard de Andrew Peluso

El mundo está lleno de líneas. ¿Por qué no las usas para crear un camino por el cuál llevar a tu espectador a tu objetivo? Cualquier cosa puede ser una línea: una pared, un techo, una puerta, la banqueta, el cableado callejero, ventanas, esquinas, coches. A veces, cuando tomas un paisaje, los caminos o los ríos pueden hacer caminos increíbles y a la vez ser los protagonistas de tu fotografía.

Puedes usar líneas para crear un marco alrededor de tu objetivo o para crear la ilusión de movimiento. Esto lo puedes optimizar dándole espacio al frente a tu protagonista, para que tenga un lugar imaginario al cuál va a dirigirse (así sea con la vista). Si juntas estos dos sencillos trucos, cumples con la regla de “contar una historia” de una manera sencilla y eficaz que puede funcionar para cualquier situación.

6. Todo depende del cristal con el que se mira

Foto:  Nancy Borowick
Foto: Nancy Borowick

Finalmente, el punto de vista es importante. Las reglas de composición al respecto son tantas como distintos puntos de vista puedan existir. Así que más que una regla, pensemos estos como “tips sobre el punto de vista”.

Dependiendo de cómo enfocamos a nuestro objetivo tendremos distintos niveles de percepción al respecto. Pensemos en el retrato de un niño. Si tomamos la fotografía desde el nivel de nuestra vista, desde arriba, el niño saldrá diminuto, reducido, en un plano ajeno como si se tratara de un objeto de estudio. En cambio, si lo tomamos a la altura de sus ojos, veremos las cosas desde el punto de vista del niño, rodeados de paredes de adultos que nunca terminamos de comprender en un mundo difícil y hostil (o inocente, depende de cada quién). Pero si enfocamos al niño desde abajo, desde la perspectiva de una hormiga, lo veremos como un tirano monstruoso y aterrador.

El punto de vista cambia el sentido del tamaño. Si tomamos a un árbol desde abajo, lo haremos ver mucho más alto. Si lo tomamos desde arriba, lo veremos achaparrado. También, si lo vemos de más lejos o más cerca, será muy distinta la sensación de intimidad que sentiremos respecto a nuestro objetivo.

7. Olvida las reglas

Foto: Light de Totomai Martínez
Foto: Light de Totomai Martínez

No te vuelvas esclavo de la regla de tres, enfoca tu objetivo en el centro de vez en cuando, toma una foto del cielo vacío o de la arena o del agua o de lo que quieras. Haz lo que quieras. A veces es importante romper una regla para resaltar otros elementos de la composición. La diferencia entre tomar fotos de manera aleatoria y anulando reglas que conoces es que le estás dando un sentido a tu imagen. Lo que podría ser un acto accidental es algo envisionado por ti, algo que nació de tu imaginación.

Seamos sinceros, lo más probable es que ni tú ni yo seamos el próximo Lubezki, pero eso no significa que no podamos disfrutar del arte de tomar una fotografía decente. Es cierto que sin mucha práctica esta guía (y cualquier otra) nos sería inútil, lo que también significa que hay tantos trucos y reglas que una vez aprendidos unos hay que buscar más. Concluyamos que esta guía tiene la intención de ser un primer peldaño para quien se interese entrar más profundo al plano artístico de sus fotos.

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