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Ciberataques del 2017 mostraron vulnerabilidad de un mundo conectado

WannaCry puso de manifiesto que la seguridad informática es un tema de relevancia tanto para empresas como para usuarios ordinarios

Este año los ciberataques mostraron el poder y alcance que pueden llegar a tener, además de las repercusiones que causan tanto en las empresas como en los usuarios comunes. En 2017 dos ciberataques globales realizados en mayo y junio generaron gran revuelo.

La forma en la que se produjeron fue a partir de un agujero de seguridad que había sido descubierto por la agencia de inteligencia estadounidense NSA y explotado para sus propios fines.

Es así que en un lapso de seis semanas los sistemas de bancos, aeropuertos, plantas productoras de automóviles, hospitales británicos o el ferrocarril alemán fueron vulnerados por dos "ransomware", que literalmente secuestraron las computadoras de las firmas antes mencionadas y pedían un rescate, paralizando así numerosos sistemas al rededor del mundo.

El hackeo mundial también destapó algunos fallos de sistemas de seguridad informática, ya que entre los afectados también se encontraban algunas corporaciones transnacionales que pagan mucho dinero por su seguridad, pero que sin embargo, tenían puntos débiles.

El primer ataque a mediados de mayo, corrió por parte del virus "WannaCry", el cual afectó a cientos de miles de computadoras con el sistema operativo Windows en más de 150 países. Afectó tanto a usuarios como a empresas públicas y a otras privadas como Renault, que tuvo que reducir durante varios días la producción en algunas de sus fábricas.

Pero lo más llamativo fue el caos que se produjo en el sistema de salud británico, lo que puso de relieve la forma en que un ataque cibernético puede poner en peligro la vida de miles de personas.

La primera ola de ataques no sólo causó consternación por su alcance, sino que fue llamativa desde varios puntos de vista, debido a que se utilizó un agujero de seguridad que había sido descubierto por la NSA, y que sin embargo, decidió ocultar para poder aprovecharlo. No obstante, la información llegó a manos de hackers, quienes la publicaron en Internet.

El problema de seguridad fue resuelto en marzo con una actualización de Microsoft, pero solamente estaban protegidas las computadoras que se habían descargado esta actualización.

Y así quedó de manifiesto que muchos usuarios pero también empresas actúan con negligencia a la hora de actualizar sus sistemas.

El segundo ataque a finales de junio afectó a la medición de radiación de las ruinas atómicas de Chernobil. Al igual que con "WannaCry", la puerta de acceso fue una brecha de seguridad en las versiones más antiguas de Windows descubierta por la NSA. Lo llamativo de este hackeo fue que el virus se hacía pasar por un ransomware, pero en realidad su único objetivo era generar el caos, según constataron expertos en seguridad electrónica que analizaron el código del programa.

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